Con la llegada de septiembre, los niños más pequeños comienzan su particular periodo de adaptación al colegio o a la escuela infantil. Nuevos espacios, nuevas personas y nuevas rutinas necesitan tiempo para convertirse en algo conocido y seguro.

Cuando una persona mayor ingresa por primera vez en una residencia ocurre, salvando las distancias, algo parecido. Deja atrás su entorno habitual y comienza una nueva etapa en un lugar que todavía no conoce. Por ello, los primeros días y semanas son especialmente importantes.

Es normal que durante este proceso puedan aparecer sentimientos de tristeza, inseguridad, desorientación, enfado o deseo de volver a casa. Cada persona vive la adaptación de una manera diferente y no existe un plazo idéntico para todos.

La familia, una parte fundamental del proceso

La familia continúa siendo una referencia afectiva esencial después del ingreso. Su colaboración con los profesionales ayuda a conocer mejor a la persona: sus costumbres, horarios, gustos, aficiones, preocupaciones, historia de vida y aquellas pequeñas cosas que le hacen sentirse segura.

También es importante que exista una comunicación fluida entre familia y residencia. Compartir información y transmitir mensajes coherentes facilita que la persona mayor vaya conociendo su nuevo entorno y estableciendo vínculos con quienes forman parte de su vida cotidiana.

Al mismo tiempo, conviene dar tiempo al proceso. Ante las dificultades de los primeros días, no siempre es recomendable interpretar inmediatamente el malestar como una señal de que la persona no podrá adaptarse. El cambio es importante y necesita acompañamiento, observación y tiempo.

Mantener su identidad y sus costumbres

Una buena adaptación no consiste únicamente en que la persona se acostumbre al funcionamiento de la residencia. El objetivo debe ser también que la residencia se adapte, en la medida de lo posible, a la persona.

Conocer cómo ha vivido, respetar sus preferencias, favorecer que mantenga determinadas rutinas, permitirle participar en las decisiones cotidianas y rodearse de fotografías u objetos personales puede ayudar a que el nuevo espacio vaya resultándole más familiar.

En Residencia Los Cisneros entendemos el ingreso no como un momento aislado, sino como un proceso de acogida. Familia, profesionales y residente debemos trabajar juntos para que, poco a poco, un lugar inicialmente desconocido pueda convertirse en un entorno cotidiano, seguro y propio.

Porque adaptarse lleva tiempo. Y acompañar ese tiempo también forma parte del cuidado.

El periodo de adaptación: acompañar también es cuidar
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